Autora: La Lic. Evelin Bruno es terapeuta y Directora de educación en PsySon. Es psicóloga, docente universitaria, coach y especialista en terapia cognitiva y psicología positiva. Cuenta con más de quince años de experiencia clínica acompañando a líderes religiosos y sus familias.

Acabo de asistir a un congreso de emprendedores realizado en Buenos Aires. Durante siete horas, empresarios, periodistas y artistas muy conocidos tuvieron la generosidad de compartir algunos de los tips que los llevaron al éxito. Los espectadores, tomábamos notas y anhelábamos encontrar en esa tarde la motivación y la sabiduría necesaria para alcanzar la misma fortuna.

¿Cómo llegan al éxito aquellas personas que hoy vemos consagradas? ¿Qué condiciones externas y competencias internas tienen quienes lograron alcanzar tan anhelado destino?. Sin duda no existe una respuesta única y acotada a estas preguntas, pero me gustaría compartir algunas ideas que resonaron en mí por su simpleza, su profundidad y la pluralidad de espacios de vida en los cuales podemos aplicarlas para alcanzar bienestar.

Cuando hablamos de “emprender”, hablamos de comenzar, de abrir el juego, de dar inicio a un proyecto o un sueño del cual somos dueños. Todo sueño o deseo personal se gesta gracias a la capacidad de crearlo en mi mente, y nace, se concreta, gracias a lo que hago en consecuencia. Pero ¿qué hace que algunos den ese paso, se animen y otros no?. Durante el congreso escuché a cada orador contar su experiencia de vida y seguí atentamente cada narración. En el entramado único de cada historia me topé con:

  • Una serie de rasgos de personalidad que compartían aquellos emprendedores que habían conquistado su cima.
  • Aprendí cómo los contactos indicados pueden acercar el consejo oportuno y hasta hacer disponible el capital económico necesario para iniciar la empresa.
  • También rescaté la importancia de conocer el mercado en el que voy a trabajar y analizar qué productos o servicios similares encuentro en vigencia para así marcar la diferencia.

Transcurrieron varias presentaciones hasta que escuché al orador que cautivó mi atención.

Hay un capital con el que todos contamos, un caudal que todos poseemos independientemente de la personalidad que tengamos o el dinero con el cual contemos, una fuente de posibilidades de cuya administración depende gran parte de nuestro triunfo, un recurso que es nuestro mejor recurso. Hablo del tiempo y la energía.

¿Cómo administro mi tiempo cuando tengo una meta? ¿Dónde pongo mi energía? ¿En qué aspectos deposito mi atención a la hora de encarar un proyecto?.

Puedo no contar de forma innata con la mentalidad positiva de la que hablaron tantos, del tipo de autoestima que me permite sentirme ganador más allá de cualquier circunstancia, puedo ser poco resiliente1 y sucumbir ante las piedras del camino, puedo no tener al alcance inmediato las conexiones que necesito, pero nadie puede quitarme el tiempo del cual dispongo y la energía, el motor que me impulsa. Al fin y al cabo, la administración de estos dos recursos tiene una influencia directa en mi manera de ver las cosas, en mi valoración personal, en mi capacidad de recuperación ante los problemas y en la facilidad con la cual genero nuevos vínculos, entre otras cosas.

Puedo elegir pasar la noche entera sin dormir pensando en el problema que se presentó, o puedo descansar y capitalizar mi tiempo para estar a punto en la mañana.

Puedo detenerme a pensar en todas las dificultades que pueden presentarse o puedo poner mi energía en anotar las posibilidades con las que cuento y las que pienso conseguir.

El tiempo que dedique a pensar en qué factores incidieron para que las cosas no salgan como deseaba con la idea de encontrar puntos a mejorar, tendrá relación directa con la posibilidad de convertir mi frustración en un trampolín al éxito o, como dice un conocido autor2, en un “fracaso exitoso”.

No soy responsable de la emoción o el pensamiento automático negativo que viene a mi cabeza, no puedo prever algunos factores externos que desencadenan situaciones poco felices, pero si soy responsable del tiempo que sostengo esa situación, de la energía que invierto en mantenerla dentro y fuera de mi cabeza.

Tiempo y energía. Dos recursos disponibles a todos y cada uno de nosotros. Dos herramientas que puedo administrar para construir o diluir mis sueños.

El común denominador en todos los emprendedores exitosos que escuché, no fue la riqueza económica, la ausencia de tropiezos o la inexistencia de ideas negativas; la clave en ellos tuvo que ver con el tiempo y la energía que administraron. Con la decisión de quedarse o retirarse de determinadas situaciones o ideas.

Te invito a pensar en tus sueños y a detenerte en reflexionar sobre qué ideas estás depositando tu energía, a qué pensamientos les dedicas tiempo y a qué resultados te lleva la ecuación.

En definitiva, el éxito le pertenece a aquellos que dedican su tiempo y su energía en construirlo.

Evelin Bruno, Licenciada en Psicología y terepeuta de PsySon.

Si necesitas apoyo para tu desarrollo personal, cuenta con nuestro staff de terapeutas: psyson.org/es/terapiaonline.

Referencias:

  1. En psicología, el término resiliencia se utiliza para referirse a la capacidad que tienen algunos individuos de reponerse y resurgir ante situaciones adversa.
  2. El Lic. Stamateas publicó el libro “Fracasos exitosos” en el 2009 por Editorial Vergara.