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El pasado tiene mala fama porque, tristemente, las personas solemos usarlo para debilitar nuestro presente y condicionar nuestro futuro. Es decir, nos estancamos en los recuerdos negativos y dolorosos que vivimos. Según una investigación publicada en la revista Universitas Psychologica, Cristián Oyanadel y sus colegas llegaron a la conclusión que cuando las personas tienen una actitud negativa hacia los eventos pasados de su vida, tienen más predisposición a enfermarse (1).

Sin embargo, cambiando nuestra relación con los recuerdos del pasado, podemos usarlos a nuestro favor. Veamos a continuación cuatro maneras de hacerlo.

Primero, convertir el pasado en una fuente de aprendizaje y crecimiento. Principalmente, sacarles a los recuerdos negativos el traje de verdugo y ponerles el guardapolvo de maestro. Por ejemplo, extraer las lecciones que me enseñó aquel fracaso o aquella equivocación.

Segundo, aunque resulte muy difícil, podemos usar nuestras “heridas” para sanar a otros. Es decir, convertir el dolor en un don para servir. Por ejemplo, un paciente, abandonado por sus padres, me expresó con entusiasmo su deseo de fundar un orfanato.

Tercero, dedicar un momento especial para recordar los acontecimientos felices que hemos vivido. Por ejemplo, sentarnos en el living de nuestra casa y con la ayuda de un álbum de fotos (o con el smartphone), recordar bellos momentos. Esto permitirá transportarnos emocionalmente al pasado. Es decir, vivir hoy las emociones positivas del ayer. Además, este sencillo ejercicio mental puede ser un recurso útil para gestionar el estrés y la ansiedad.

Finalmente, podemos usar los hechos del pasado para fortalecer nuestra fe frente a la adversidad. ¿Cómo? recordando como Dios nos ayudó en el pasado. Esto potenciará nuestra confianza en la ayuda divina. Porque “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13:8, NTV). Así lo expresó el apóstol Pablo: “Él nos libró y nos librará de tal peligro de muerte. En él tenemos puesta nuestra esperanza, y él seguirá librándonos” (2 Corintios 1:10, NVI). La autora Elena White escribió: “No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada” (2).

Por lo tanto, te invito a mirar para atrás para tomar impulso para seguir adelante. Porque Dios
te dice: “Sigue avanzado”.

 

Lic. Germán Granberg

(1) Oyanadel, C., & Buela-Casal, G. (2011). La percepción del tiempo: influencias en la salud
física y mental. Universitas Psychologica, 10(1), 149-161.

(2) Notas biográficas, pág. 216.

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