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“Qué se mueve, cuando te mueven el piso”

En mi consulta como psicóloga es común atender pacientes de distintas nacionalidades que por variados motivos han tenido que migrar. Estamos viviendo en un mundo globalizado, donde es cada día más común encontrar personas de distintos países fuera de la zona donde nacieron. En mi trabajo incluso en Selección de Personal para Empresas, es cada vez más común ante la falta de mano de obra calificada, buscar mano de obra extranjera, teniendo que acompañar a veces todo el proceso de traslado de un funcionario y su familia hasta su nuevo lugar de residencia.

Son muchos en verdad los factores que nos pueden llevar a un movimiento migratorio. Desde una crisis previa que nos lleva a migrar, a la “posterior crisis que puede traer la consecuencia del movimiento migratorio si no ha sido bien planificado”.

Pienso en el caso de muchos venezolanos, que han salido de su país por la crisis sociopolítica en búsqueda de tranquilidad para sus familias. Y es que sabemos es fundamental poder cubrir las necesidades básicas. Pero una vez estando cubiertas las necesidades básicas vitales, los seres humanos buscamos crecer a otros niveles, pasando a la búsqueda de otro tipo de crecimiento, sea profesional o cultural. Y considero, es todo un movimiento tanto exterior, como interior, que requerirá de una verdadera transformación.

Me toca de cerca el caso particular de los pastores/misioneros que deben de trasladarse cada tanto tiempo a otras comunidades, dado que sus organizaciones eclesiásticas así lo requieren.

Como toda situación de cambio/crisis, nos enfrentaremos a verla como un obstáculo o como una oportunidad.

Yo misma de pequeña, y por el hecho de ser hija de pastores misioneros, atravesé muchas mudanzas. Fueron verdaderos movimientos migratorios con todo lo que implicaba dicho traslado en un mismo territorio y hasta otros países vecinos y con otro idioma. De pequeña resultó toda una aventura, pero también enfrenté la situación desafiante de tener que hacer nuevos amigos, encarar poco a poco un nuevo idioma y acostumbrarme al cambio, como constante, ¡vaya desafío!. Había que ser muy resiliente. Las nuevas situaciones, nuevos sitios y lugares, nuevos rostros- ya no tan familiares- pueden llegar a ser todo un mundo de aventura, pero también abrumador para un niño pequeño. Asimismo para toda la familia: cada integrante lo vivenciará con los recursos que tenga, según la etapa evolutiva de cada persona.

Y ¿qué se mueve cuando nos mueven el piso? Muchas son las emociones, pudiendo ir desde la alegría a la tristeza, pasando por sentimientos de inseguridad, incertidumbre, sensaciones, que podrán generarnos una crisis inicial, y más si el movimiento ha sido mal planificado o si las cosas no resultan según el plan. Son muchos los factores externos, que pueden modificar las circunstancias.

Si ya has pasado por una situación migratoria, dentro tuyo se han movido muchas cosas. Muchas emociones que estarán para canalizar. Desde el desarraigo y desvinculo familiar, a la nostalgia por lo que dejaste atrás, hasta la llegada y apertura en la total incertidumbre -a veces- por lo que tienes delante.

¿Habrá algún recurso que haga más fácil este proceso?

Te propongo desarrollar en ti una mayor y mejor capacidad de resiliencia. Te aseguro que se puede promover y potenciar en ti, tu familia y tus niños. Todos la tenemos, pero no todos la cultivamos. Así como ejercitamos la paciencia o la tolerancia, podemos ejercitar la resiliencia, siguiendo los postulados de B. Cirulnik, “la resiliencia es el arte de navegar en los torrentes”… es la capacidad que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la forma original. Por ejemplo, un arco que se dobla para lanzar una flecha o los juncos bajo la fuerza del viento…Es la capacidad de atravesar situaciones adversas y salir fortalecidos.”

Podríamos pensar la migración como un proceso que requiere de mucha resiliencia, una gran adaptación, una asimilación a una realidad nueva, en la cual debemos dejarnos permear por el afuera y transformar internamente. Para ello habrá que soltar lo viejo, y abrazar lo nuevo. Al menos poco a poco. Si logramos ser más flexibles y acompasar esos cambios saldremos fortalecidos, creceremos, aprenderemos en esa acomodación a la nueva realidad. Toda crisis migratoria puede ser una gran oportunidad para crecer, y poner en práctica nuestra mayor capacidad de resiliencia, volviéndonos más flexibles para no quebrarnos, para lograr resistir, y ser transformados por el cambio.

En las sagradas escrituras encontramos muchísimos personajes bíblicos que vivieron situaciones semejantes, como Abraham a quién Dios llamó a una nueva tierra y le dijo que dejara su parentela. Otro ejemplo, más traumático, fue el caso de José, quién se vio forzado a ser trasladado como esclavo, pasando a tener que estar totalmente sólo, y en condiciones muy adversas por períodos, alejado de su cultura y familia. Qué decir de Daniel, trasladado a Babilonia, otra cultura e idiomas totalmente diferentes. Y como ellos tantos otros que podríamos mencionar de personajes bíblicos que tuvieron que ser movidos de su tierra natal, a fuerza de movimientos forzados muchas veces, por las circunstancias extremas de la guerra, el hambre, la esclavitud etc. Muchos son los motivos que nos llevan a una circunstancia migratoria.

La Biblia también nos dice por ejemplo en Josué 1:9 “no temas ni desmayes, porque El Señor estará contigo en dondequiera que tu vayas”. Las promesas de Dios para los creyentes son de acompañarnos. Si estás en un proceso migratorio reciente o preparándote para el mismo, ten confianza, en que Dios irá delante de ti. “El Señor guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre” (SALMOS 121:7 RVR1960).

Si al contrario fuera que te encuentras en una situación de duda, frente al camino que debes elegir, Dios promete en muchos pasajes guiarte, por ejemplo nos dice “Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará el camino que ha de escoger” SALMOS 25:12 RVR1960.

Recuerdo también cuándo el pueblo de Dios en el desierto debía moverse Dios promete a Moisés guiarle junto con el éxodo del pueblo, al decirle “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso, y Moisés respondió: si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”. Exodo 33:14 RVR 1960. Esta historia bíblica nos hace pensar en la importancia de buscar la presencia, la guía y el Espíritu de Dios -primero que todo- y ante decisiones importantes, como es y será cualquier movimiento migratorio.

Qué Dios te acompañe y te guíe de aquí en más en cada paso, y sea cual sea el obstáculo que se presente en este caminar con Cristo, tengas la certeza de que el Señor mismo envió ya su ángel delante de ti para ayudarte, acompañarte y protegerte.

 

Lic. Yemina Luz Alvez.

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